El Instituto de Investigación para la Defensa Total (FOI, por sus siglas en sueco) ha analizado condenas por espionaje en Europa entre 2008 y 2024. Los investigadores del FOI identifican a Rusia como el principal instigador en los 70 casos examinados y señalan que el panorama de amenazas se amplía con actores puntuales y redes organizadas, según el informe, encargado por la Policía de Seguridad sueca (Säkerhetspolisen), el Organismo de Radio de Defensa sueco (Försvarets radioanstalt) y el Servicio de Inteligencia y Seguridad Militar sueco (Militära underrättelse- och säkerhetstjänsten).
– El método de espionaje más común en nuestro material es la recopilación de información mediante fotografía. Puede abarcar desde edificios parlamentarios hasta el transporte de material de defensa, así como datos sobre actividades militares, afirma la analista Anna Lioufas.
El material en que se basa el informe procede de fuentes abiertas sobre personas condenadas, así como de entrevistas con fiscales y periodistas de los países afectados. En total se analizan 70 casos distribuidos en 20 naciones, con una cifra negra que se estima elevada. El estudio revela que Rusia fue el instigador en dos tercios de los casos. El segundo país más frecuente fue China, con seis casos. Geográficamente, una gran parte de la actividad se ha concentrado en los países bálticos, especialmente en Estonia.
Los condenados son casi exclusivamente hombres, con un rango de edad de entre 21 y 82 años. La recopilación de información se dirige con frecuencia a capacidades militares, infraestructuras y procesos políticos, según el resumen del informe elaborado por el FOI.
La comunicación se lleva a cabo tanto mediante entregas físicas como a través de métodos digitales.
Los investigadores observan una tendencia en la que las infiltraciones a largo plazo se complementan con reclutamientos más rápidos y oportunistas, incluido el uso de personas para misiones acotadas.
– En términos muy directos, se podría decir que son personas a las que el instigador le resulta indiferente si son detenidas o no, afirma Elina Elveborg Lindskog, investigadora y directora del proyecto.
Un tercio de las personas estudiadas no actuó en solitario, sino en colaboración con otras, como parejas o colegas. Las motivaciones son, al igual que durante la Guerra Fría, principalmente incentivos económicos, ideología, presiones o descontento con el empleador. Los investigadores no encontraron ningún caso en el que problemas de adicción hubieran sido utilizados como medio de chantaje.
– Hay muchas cuestiones interesantes que investigar. Por ejemplo, que Rusia colabora con delincuentes «comunes» en Polonia a quienes pide que espíen el material que Occidente dona a Ucrania, señala la investigadora Anna Wagman Kåring.

