La tecnología de defensa avanzada no genera ningún efecto hasta que alguien puede realmente utilizarla. Aleido construye los sistemas de apoyo que están detrás de la tecnología: la información, la formación y el mantenimiento que determinan si un sistema puede traducirse en efecto operativo. El director para Suecia, Gustav Tempelman, sostiene que esta mitad de la capacidad ha sido relegada durante mucho tiempo, pero que la defensa empieza ahora a comprender que es tan decisiva como la propia tecnología.

Aleido hace que la información técnica y los datos sean utilizables durante todo el ciclo de vida de un producto. La empresa es, en esencia, independiente del sector, pero tiene un nicho claro: el sistema de apoyo. En el ámbito de la defensa, este concepto se conoce como ILS (Integrated Logistics Support, soporte logístico integrado). Aleido cuenta con varios clientes de defensa suecos y observa que la demanda crece.

El razonamiento de Tempelman parte de una observación sencilla: la tecnología, por avanzada que sea, tarde o temprano la utiliza una persona que debe generar un efecto a partir de ella. Ya se trate de lanzar una contramedida contra un dron, interpretar la información de un sistema de mando y control o reparar un vehículo de combate CV90, alguien tiene que saber qué hacer.

"Trabajamos para ser tan innovadores en el sistema de apoyo como lo son en su tecnología quienes desarrollan la tecnología central", afirma Gustav Tempelman.

Según Tempelman, este ámbito ha quedado a menudo relegado a un segundo plano. La actividad principal de las empresas que fabrican los sistemas es el desarrollo de productos y sistemas: eso es lo que se vende, mientras que el uso en sí se ha considerado responsabilidad del comprador. El sistema de apoyo, sostiene, no ha sido prioritario, no se ha considerado generador de valor y ha tenido un bajo grado de innovación, mientras que otros sectores, en particular la industria automotriz, llevan mucha ventaja.

"Pocos se han dado cuenta del efecto real que esto genera", señala. "Tradicionalmente ha consistido en montones de carpetas que se enviaban y que había que hojear de pie".

Ahora el panorama ha empezado a cambiar. Cuando Tempelman habla directamente con las fuerzas armadas, el efecto operativo es la máxima prioridad. Señala dos fuerzas que impulsan esta evolución. Una es que muchos de los usuarios son nuevos y necesitan más formación, a una escala completamente distinta a la de antes. La otra es un gran cambio tecnológico, con una rápida digitalización y muchos sistemas nuevos sobre plataformas digitales.

"Quienes logran derribar drones de ataque son los que se han entrenado", afirma, en referencia a la experiencia de Ucrania. "El entrenamiento en el uso real de los sistemas resulta decisivo".

Las fuerzas armadas europeas han abierto la puerta y escuchan más, sostiene, lo que crea nuevas oportunidades para mostrar el valor que otras industrias ya generaban hace cinco o diez años. Al mismo tiempo, existe una tensión inherente. Los sistemas complejos deben adquirirse conforme a normativas, con requisitos claros para poder mantenerse durante largos periodos.

"A veces uno acaba centrándose en cumplir la normativa en lugar de crear la mayor facilidad de uso posible, y las dos cosas pueden entrar en cierta contradicción", afirma Gustav Tempelman.

Uno de sus argumentos centrales es que la capacidad de innovación en el frente constituye una capacidad en sí misma. Cuando se actualiza un sistema, la formación, los repuestos y las instrucciones de uso deben seguir el mismo ritmo. Hoy en día, la información fluye en gran medida en una sola dirección: del proveedor al organismo adquirente, de ahí a las fuerzas armadas, y luego puede pasar incluso un año hasta la siguiente actualización.

"Aquí hace falta una frecuencia de actualización mucho mayor, y para eso el sistema técnico y el sistema de apoyo deben ir de la mano", explica.

No todo requiere tecnología avanzada. El abanico es amplio, desde animaciones basadas en documentación de diseño hasta elementos de inteligencia artificial más sofisticados, pero se puede generar mucho valor con medios sencillos.

"Hay fruta al alcance de la mano", señala Tempelman. "En Ucrania graban y doblan vídeos que envían al frente. Es una forma de transmitir cómo debe usarse un sistema, sin necesidad de inteligencia artificial ni de soluciones avanzadas en la nube".

Para ilustrarlo, Aleido ha construido un demostrador dirigido a la industria de defensa y a las administraciones públicas, con el objetivo de mostrar cómo puede aumentarse el efecto operativo. Muchos soldados de las Fuerzas Armadas suecas, en particular en la reserva y en la Guardia Nacional (Hemvärnet), prestan servicio solo unas pocas semanas al año. Ese tiempo es demasiado valioso para dedicarlo a tareas que se podrían repasar igualmente en casa. Por eso pueden conectarse a un portal y prepararse de antemano. El portal consta de tres partes: certificados y acreditaciones, formación para prepararse, y información de mantenimiento fácil de usar que funciona igual de bien en el teléfono que en la web. Un jefe de compañía puede ver al mismo tiempo qué proporción de su personal ha completado sus módulos y dirigir recordatorios allí donde se necesiten.

"Se trata de obtener el máximo efecto posible de esos días sobre el terreno, y de poder abordar tecnología más compleja", afirma.

Detrás de esta interfaz fácil de usar hay una base de datos de información, estructurada por producto, configuración y nivel de acceso, que pone la información correcta a disposición de la persona adecuada. El papel de Aleido, subraya Tempelman, no es tomar las decisiones, sino poner a disposición la documentación necesaria. La Agencia Sueca de Adquisiciones de Material de Defensa (FMV, Försvarets materielverk) establece los requisitos y calcula los repuestos y las existencias, el usuario es dueño de las decisiones sobre el ciclo de vida, y Aleido se encarga de que la información esté disponible donde se necesite.

De cara al futuro, Tempelman prevé un mantenimiento más basado en datos. Los sensores conectados pueden transmitir datos sobre el estado de los sistemas, una retroalimentación que puede convertirse en apoyo a la decisión o incluso proponer y encargar automáticamente un repuesto. Las gafas de realidad aumentada y las aplicaciones sencillas de guía forman parte de la misma evolución.

"Mientras haya una persona sobre el terreno, hará falta algo que sirva de apoyo", afirma. "Cuantos más datos se tengan, mejor se pueden construir estos sistemas, lo que permite que las plataformas puedan estar más tiempo volando, operando en tierra o navegando".

Para llegar ahí todavía queda camino por recorrer. El escenario soñado, dice, es reunir a todas las partes en torno a la misma mesa: quienes desarrollan la tecnología, quienes se encargan del sistema de apoyo, el comprador y, entre medias, la Agencia Sueca de Adquisiciones de Material de Defensa (FMV).

"Todavía no estamos del todo ahí, pero la puerta se ha abierto", concluye Gustav Tempelman.