La producción de defensa europea crece a un ritmo que el sector no había visto en décadas. ReArm Europe apunta a 800.000 millones de euros, el instrumento SAFE añade otros 150.000 millones en capacidad de préstamo y los presupuestos nacionales de la OTAN crecen en paralelo. Sin embargo, según Viktor Eliasson, director general de Diadrom, otro desafío corre el riesgo de quedar en la sombra.
– Por cada nueva plataforma, variante y versión de software se acumula una complejidad que muchas organizaciones subestiman. No siempre hay alguien que tenga la responsabilidad global del conjunto, afirma.
Según Eliasson, la industria de defensa se enfrenta a una evolución que recuerda a la transformación que atravesó la industria del automóvil durante la década de 2010.
– La industria del automóvil ya ha recorrido ese camino. El sector de la defensa se enfrenta ahora a muchas de las mismas preguntas, pero las consecuencias pueden ser mayores porque se trata de sistemas en los que la disponibilidad está directamente vinculada al efecto operativo.
Describe un escenario cada vez más habitual cuando la misma plataforma se vende a varios países distintos.
– Cada cliente quiere sus propios sensores, sus propias soluciones de comunicación y sus propias adaptaciones. Al cabo de unos años ya no se tiene un producto, sino cientos o miles de variantes que deben gestionarse y mantenerse actualizadas.
El resultado es que la gestión del software evoluciona de una cuestión técnica a una cuestión de negocio.
– La pregunta central es en realidad bastante sencilla: ¿sabemos qué software está instalado en cada unidad individual y podemos actualizarlo cuando sea necesario?
El coronel Håkan Petersson, responsable de la unidad de armamento y sistemas terrestres de las Fuerzas Armadas Suecas (Försvarsmakten), coincide con esta valoración.
– Cuanto más complejos se vuelven los sistemas, más importante resulta el control sobre las configuraciones, el mantenimiento y las actualizaciones. De lo contrario, se corre el riesgo de perder disponibilidad precisamente cuando más se necesita, afirma Håkan Petersson.
– Ese es realmente el punto central. El efecto operativo no se refiere únicamente al rendimiento. También se trata de que los sistemas funcionen a lo largo del tiempo, de que puedan mantenerse y de que se tenga control sobre la propia configuración, dice Eliasson.
Considera que la industria de defensa se acerca ahora al mismo tipo de disciplina de software que ha surgido en el sector del automóvil a través de estándares y métodos de trabajo en ciberseguridad, seguridad funcional y gestión del ciclo de vida.
– La tecnología en sí no es nueva. Lo nuevo es que esos mismos métodos de trabajo deben trasladarse al sector de la defensa.
Diadrom tiene sus raíces en la investigación realizada en Chalmers y la Universidad de Gotemburgo (Göteborg, oeste de Suecia) y trabaja actualmente en el ciclo de vida del software, el diagnóstico y la integración en sistemas técnicos complejos. El software de la empresa se utiliza, entre otros, en el Volvo EX90 y el EX60, al tiempo que durante doce años ha suministrado sistemas de diagnóstico vehicular a la Administración de Material de Defensa de Suecia (FMV, Försvarets materielverk).
– En sistemas técnicos complejos, el verdadero desafío consiste en lograr que toda la cadena colabore y funcione realmente en todas las situaciones. Somos leales a la función, no a un sistema concreto ni a un proveedor concreto.
Diadrom describe su papel a través del concepto "Diadrom Inside", que según Eliasson consiste en garantizar que el conjunto funcione, no solo las partes individuales.
– La industria de defensa se enfrenta a una transformación definida por el software. La pregunta no es si llegará, sino qué tan bien lograrán las organizaciones gestionarla.
En la próxima entrega de esta serie de reportajes, Viktor Eliasson desarrolla cómo la experiencia de la industria del automóvil puede utilizarse para reducir los riesgos cuando el sector de la defensa da el paso hacia una realidad cada vez más definida por el software.

