La seguridad interior de Suecia está gravemente amenazada y el país se encuentra al borde de la guerra. Una explosión de mensajes falsos en internet ha polarizado a la población y generado fuertes tensiones. La desinformación ha provocado disturbios violentos y un drástico aumento de falsas alarmas, lo que sobrecarga aún más a la policía. Al mismo tiempo, se producen sabotajes contra instalaciones de agua, plantas eléctricas y otras infraestructuras críticas mediante enjambres de drones. Estos ataques han causado graves perturbaciones y daños, lo que incrementa la preocupación entre los ciudadanos. La crisis se agrava por un extenso ciberataque que paraliza los sistemas de pago, la telefonía móvil y el transporte, generando caos e incertidumbre. Los ciudadanos comienzan a dudar de la capacidad de la sociedad para gestionar la crisis y muchos consideran abandonar el país.
Este escenario no es una mera distopía, sino un conjunto de riesgos reales. Un actor antagónico puede utilizar la desinformación, los ataques con drones, las falsas alarmas y los ciberataques para provocar una crisis social. Una potencia extranjera podría orquestar este tipo de actividades como preludio a un ataque armado.
Para estos actores, el coste sería mínimo, mientras que el efecto potencial sería enorme. Además, las acciones podrían llevarse a cabo con un alto grado de negación plausible y sin pisar físicamente suelo sueco. La estrategia de Rusia para el ejercicio del poder ilustra esto con claridad, con un enfoque en medidas no militares como la guerra de información, la presión económica, la diplomacia y los ciberataques. Estas medidas tienen como objetivo crear inestabilidad y confusión, lo que puede allanar el camino para medios militares si fuera necesario para alcanzar objetivos estratégicos. Las actividades híbridas de esta naturaleza subrayan la necesidad de medidas sólidas para proteger las infraestructuras críticas y garantizar que, entre otros organismos, la Policía Nacional sueca tenga capacidad para hacer frente a dichas amenazas.
Para contrarrestar la desinformación y los disturbios se requiere una estrecha colaboración con las comunidades locales y un análisis continuo del entorno por parte de la policía. La sociedad multicultural sueca, con numerosas diásporas, exige un enfoque bidireccional que abarque tanto asuntos internos como externos. Esto quedó de manifiesto a través de incidentes como las quemas de Corán y las campañas de influencia dirigidas contra los servicios sociales suecos (LVU). Para garantizar los recursos necesarios para intervenciones contundentes y sostenidas, la colaboración entre actores públicos, privados y sin ánimo de lucro puede resultar decisiva. La resiliencia de la sociedad depende de la capacidad de estos actores para cooperar y difundir contranarrativas adaptadas a cada público, con un efecto preventivo.
La amenaza de los drones es ya una realidad que exige medidas inmediatas. Esto quedó patente poco antes de la invasión rusa de Ucrania, cuando grandes drones sobrevolaron centrales nucleares suecas. Para hacer frente a este tipo de amenaza aérea, es necesario desarrollar tecnología capaz de interferir las señales de los drones y formar al personal para gestionar incidentes relacionados con ellos. Es fundamental invertir en nuevas tecnologías de detección y neutralización de drones, así como en estrategias para proteger las infraestructuras críticas de posibles ataques. En este ámbito, la colaboración entre organismos públicos, institutos de investigación y actores privados será determinante para desarrollar una capacidad de defensa robusta y colectiva frente a estas amenazas.
Las falsas alarmas y los ciberataques recuerdan en gran medida a lo que pudimos observar durante la invasión a gran escala de Ucrania por parte de Rusia en 2022. Dicha invasión comenzó con ciberataques y una oleada de falsas alarmas que sobrecargaron a la policía ucraniana. Incidentes similares podrían producirse perfectamente en Suecia. Teniendo en cuenta las posibilidades antagónicas que ofrece la inteligencia artificial, es fundamental desarrollar la capacidad de determinar rápidamente la autenticidad de las alarmas. Esto requiere inversiones en tecnología de verificación de alarmas y formación del personal en los centros de contacto y centros de mando de la policía, con el fin de aumentar su concienciación sobre las amenazas híbridas, incluido este modus operandi. Los sistemas basados en inteligencia artificial pueden utilizarse para analizar datos de alarmas en tiempo real, identificar patrones que indiquen falsas alarmas e impedir que estas consuman los recursos policiales. Al prepararse para las falsas alarmas y desarrollar métodos para gestionarlas, la policía puede reducir la posible carga futura sobre sus recursos. Además, es importante fomentar una cultura de preparación y formación continuas, en la que el personal se ejercite regularmente en la identificación y respuesta ante amenazas híbridas.
Para hacer frente a amenazas que pueden materializarse antes de un ataque armado, Suecia, incluida la Policía Nacional, debe reforzar su estado de preparación. La policía necesita desarrollar su capacidad para coordinar operaciones con otros organismos y organizaciones privadas. Para ello se requieren estructuras de colaboración sólidas y ejercicios periódicos que garanticen una respuesta eficaz. Asimismo, es fundamental que el personal policial tome conciencia del panorama de amenazas y de su papel en una situación de este tipo. Invertir en estas medidas puede suponer un coste en tiempo y dinero, pero es una inversión necesaria en nuestra seguridad. No prepararse adecuadamente puede acarrear costes mucho mayores en el futuro.
Patrik Thunholm Policía, oficial de reserva y escritor

