Cuando el submarino soviético U137 encalló en Karlskrona (sur de Suecia, base naval) en 1981, la visión de Suecia sobre la independencia tecnológica y la capacidad militar cambió para siempre. Para Anders Andersson, entonces técnico en la base aérea F14 en Halmstad (sur de Suecia), el incidente fue el punto de partida de una misión que daría forma a toda una empresa. "Cuando el submarino encalló, se comprendió que la capacidad antisubmarina de Suecia era insuficiente. Era necesario desarrollar competencias rápidamente, y Anders recibió el encargo de construir el conocimiento de las Fuerzas Armadas suecas (Försvarsmakten) en fibra óptica", afirma Peter Ljungkvist, director general de Micropol. El encargo condujo a lo que hoy es el FMTS (Servicio Técnico de las Fuerzas Armadas suecas) y, posteriormente, a la fundación de Micropol en 1988.

A pesar de que los primeros clientes fueron civiles, la orientación hacia la defensa siempre ha sido marcada. "El ADN militar ha estado presente en Micropol desde el principio", afirma Ljungkvist. A principios de la década de 2000, la empresa se convirtió en una extensión del propio desarrollo tecnológico de las Fuerzas Armadas suecas y desarrolló varias soluciones para comunicaciones tácticas por fibra óptica. La más significativa fue Falcon, el conector de haz expandido (expanded-beam) lanzado en 2011. "Desarrollamos Falcon gracias a los requisitos de las Fuerzas Armadas suecas, y el hecho de que ganáramos la licitación tanto en 2013 como en 2023 demuestra que la tecnología sigue ofreciendo el más alto rendimiento."

Desde entonces, la empresa ha experimentado una rápida transformación. Cuando Ljungkvist se incorporó en 2018, Micropol contaba con cuatro personas en la oficina. Hoy es una empresa de defensa en crecimiento con actividad en cuatro países. "En dos años hemos pasado de 100 a 200 millones de coronas suecas en facturación. Es el resultado de la competencia interna, del contexto internacional y de nuestra presencia en sistemas que crecen con fuerza, especialmente en defensa antiaérea." La proporción de exportaciones se sitúa ahora en torno al 40 por ciento y Alemania se ha convertido en un mercado decisivo. "Hemos multiplicado por diez nuestra facturación en Alemania en poco tiempo. Eso muestra la rapidez con que ha cambiado el mercado."

La ventaja tecnológica es un elemento central del éxito. "Transmitimos mayores volúmenes de datos a través de los mismos tipos de conectores que cualquier otro competidor. Lo logramos gracias a cómo pulimos y diseñamos la geometría, y es ahí donde ganamos cuota de mercado", explica Ljungkvist. Para los clientes, esto se traduce en mayor robustez, mejor logística y un funcionamiento estable incluso en el campo. En entornos tácticos donde el equipo se conecta y desconecta cientos de veces, la tecnología Falcon resulta decisiva. "Debe resistir la suciedad, las vibraciones y las condiciones más exigentes, y aun así rendir al máximo."

Al mismo tiempo, destaca la forma de trabajar de la empresa. "Somos flexibles, trabajamos en estrecha colaboración con el cliente y casi nunca decimos que no. Fabricamos prototipos en pequeños volúmenes para que los clientes puedan probarlos, y a menudo es precisamente eso lo que conduce a contratos de mayor envergadura. Es una cultura heredada desde los tiempos de Anders."

Ahora Micropol prepara su próximo paso: una nueva instalación de producción que abrirá a principios de 2027. "No es simplemente una producción a mayor escala. Nos abre posibilidades completamente nuevas. Podremos recibir vehículos y contenedores, trabajar más con electrónica y ampliar nuestra sala limpia. Todo ello para seguir estando cerca de nuestros clientes y desarrollar soluciones junto a ellos."

Al entrar en su cuadragésimo año, la identidad de Micropol es clara: máximo rendimiento óptico, rápida capacidad de adaptación y una cultura centrada en el cliente. "Estamos orientados hacia el futuro", afirma Ljungkvist. "Estamos construyendo capacidad para seguir siendo lo que somos hoy, y lo que nuestros clientes necesitarán mañana."