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Disuasión Efectiva a través de la Ciencia y la Tecnología

John-Mikal Størdal analiza las actividades de ciencia y tecnología de la OTAN y el panorama cambiante del liderazgo tecnológico mundial. Enfatiza que la colaboración coordinada, la inversión en tecnologías emergentes y la innovación adaptativa entre naciones son esenciales para mantener la Ventaja Tecnológica de la OTAN, garantizar la Supremacía Militar y proporcionar Disuasión Efectiva en un entorno de seguridad cada vez más complejo.

Disuasión Efectiva a través de la Ciencia y la Tecnología

Mantener la superioridad tecnológica ha sido durante mucho tiempo clave para la postura de disuasión y defensa de la OTAN, pero esa ventaja se está erosionando. En esta columna, John-Mikal Størdal, Director de la Organización de Ciencia y Tecnología de la OTAN y ex Director General del Establecimiento de Investigación para la Defensa de Noruega (FFI, por sus siglas en noruego), describe cómo la ciencia y la tecnología deben volver a convertirse en una prioridad estratégica. Como él mismo argumenta, no se trata solo de estar preparados para las amenazas de hoy, sino de prepararse para la guerra del día después de mañana.

"Si quieres la paz, prepárate para la guerra" es una frase de la antigüedad que sigue siendo relevante hoy en día. Mirando atrás, he observado cómo la tecnología moldea el carácter de la guerra. Desde la Edad de Piedra hasta la era de la ciberguerra, ha habido una coevolución continua de tecnología y conflicto bélico, con inventos disruptivos que han reescrito repetidamente las realidades estratégicas y operativas.

En el siglo XXI, observo cómo las tecnologías emergentes continúan impulsando la guerra en direcciones nuevas y a veces inesperadas, mientras que el propio conflicto estimula notables avances tecnológicos. A lo largo de tres milenios, el factor más constante que ha dado forma a la guerra ha sido el cambio tecnológico. A su vez, la ciencia y la tecnología (C&T) han seguido siendo el mayor agente de transformación en la guerra, no solo en los tiempos modernos sino a lo largo de toda la historia humana. Comprender este patrón histórico refuerza en mí la convicción de por qué mantener el liderazgo tecnológico es tan importante para asegurar y desarrollar nuestra libertad, nuestros valores comunes y nuestro modo de vida.

A partir de mi experiencia trabajando en la Organización de Ciencia y Tecnología de la OTAN (STO, por sus siglas en inglés), he observado de primera mano cómo el liderazgo tecnológico ha cambiado profundamente en las últimas dos décadas. El Instituto Australiano de Política Estratégica (ASPI, por sus siglas en inglés) destacó recientemente este cambio: entre 2003 y 2007, Estados Unidos lideraba en 60 de 64 tecnologías críticas, mientras que China solo lideraba en 3. Hoy, en el período 2019–2023, China ha emergido como líder mundial en 57 de las 64 tecnologías, muchas de ellas con relevancia militar directa.

Esta situación me parece cada vez más un nuevo "Momento Sputnik". Cuando Estados Unidos se dio cuenta en 1957, tras el lanzamiento del satélite Sputnik por parte de la Unión Soviética, de que necesitaba cerrar la aparente brecha en ciencia y tecnología, se tomaron medidas rápidas. Tras el aumento de las inversiones en educación, investigación y desarrollo (I+D), la NASA y la DARPA se crearon menos de un año después. Lo que hoy es el Centro de Investigación y Experimentación Marítima de la OTAN (CMRE, por sus siglas en inglés) se estableció en Italia en 1959. La OCDE siguió el ejemplo y estimuló las inversiones civiles en I+D en ciencia y tecnología en sus países miembros europeos durante los años 60. Observando la velocidad y la escala de los avances actuales de China, veo hoy un punto de inflexión estratégico similar. La necesidad de actuar es mayor ahora que en cualquier otro momento desde el fin de la Guerra Fría.

Algunos podrían argumentar que lo dimos por sentado. Que nos volvimos demasiado confiados en nuestro papel de liderazgo tecnológico. Que subestimamos, y a veces ignoramos, el riesgo de que la hegemonía tecnológica futura pudiera estar en manos de nuestros adversarios.

Soy plenamente consciente de que la ciencia y la tecnología no son un fin en sí mismas, sino un habilitador crítico para desarrollar y proporcionar capacidades de vanguardia que garanticen la ventaja militar, brinden seguridad y resiliencia, pero también prosperidad a nuestras sociedades y protejan la soberanía de nuestras democracias.

El compromiso de la OTAN de destinar el 5% del PIB a la defensa y a la seguridad relacionada con la defensa para 2035 señala que el incrementalismo ya no es suficiente. Pero los recursos por sí solos no bastan. Necesitamos gastar el dinero con prudencia y es esencial evitar la trampa de prepararse para luchar en la última guerra y, en cambio, dar un salto adelante en el desarrollo de la ciencia y la tecnología necesarias para combatir, o con suerte disuadir, la próxima. El peligro es que los viejos instintos se impongan: pensar únicamente en términos de números de sistemas de armas tradicionales como tanques y artillería, cazas y buques de guerra.

Sostendría que para aprovechar plenamente las nuevas tecnologías disruptivas, la estructura de la organización, el personal y el concepto de operaciones probablemente deban cambiar. Esto es difícil, y la historia —no solo la historia militar— está llena de ejemplos de cómo quien se adapta más rápido lleva la delantera. La sentimentalidad pone en riesgo la vida de nuestros combatientes: en la guerra, recibir la medalla de plata no es una opción atractiva.

En mi opinión, debemos colmar las lagunas de la estructura actual, pero aún más importante, debemos prepararnos para la "guerra del día después de mañana". Esto requiere inversiones decisivas en desarrollo de doble uso, programas de desarrollo de alto riesgo y alta recompensa, y vías más rápidas desde el prototipo hasta el despliegue. Tales avances —como los misiles de crucero, el GPS o la tecnología furtiva en épocas anteriores— pueden modificar la dinámica de la disuasión y asegurar una ventaja militar duradera.

Estos programas, caracterizados por objetivos ambiciosos, creación rápida de prototipos, tolerancia al fracaso y vías de transición simplificadas, pueden ofrecer una ventaja operativa desproporcionada y reconfigurar el cálculo de la disuasión. Sin una cartera que incluya tales inversiones, la Alianza corre el riesgo de quedarse rezagada frente a quienes están dispuestos a perseguir avances transformadores.

Una parte importante de este enfoque consiste en lograr un mejor equilibrio: entre plataformas tradicionales y sistemas escalables de bajo coste, entre grandes contratistas y pymes/empresas emergentes, y entre inversiones a corto y largo plazo. También creo firmemente que debemos ser mejores a la hora de integrar los avances procedentes de la I+D civil en ciencia y tecnología. La guerra en Ucrania ha demostrado cómo los sistemas no tripulados de bajo coste, cuando se adaptan con rapidez, pueden neutralizar activos heredados mucho más costosos.

La adquisición militar ha seguido tradicionalmente un modelo descendente en el que los gobiernos identifican la necesidad de determinadas capacidades y luego encargan a los proveedores que las desarrollen. La defensa moderna exige una adquisición flexible e iterativa impulsada por la retroalimentación de primera línea, la creación rápida de prototipos y las pruebas iterativas que impulsan el desarrollo de capacidades.

Garantizar el acceso a las mejores armas y equipos siempre ha sido esencial para la capacidad de la OTAN de disuadir y defenderse de los adversarios, y para garantizar la libertad y la seguridad de sus más de 1.000 millones de personas. La ventaja tecnológica que los países de la OTAN establecieron sobre las fuerzas soviéticas, numéricamente superiores, contribuyó a poner fin a la Guerra Fría sin necesidad de combatir.

Estamos en medio de una carrera global por la ventaja tecnológica y necesitamos un mayor sentido de urgencia. Mantener la ventaja tecnológica no es fácil: es costoso y requiere un gran esfuerzo. Estamos en una maratón, no en un sprint.

FAQ

How is technological superiority crucial to NATO's deterrence strategy?
Technological superiority is crucial to NATO's deterrence strategy as it ensures military advantage and security. The article highlights that maintaining this edge is vital for preparing against future threats. Technological leadership has shifted significantly, with China now leading in many critical technologies. Last fact-checked: 2025-11-30.
What role does science and technology play in modern warfare?
Science and technology play a transformative role in modern warfare by shaping strategic and operational realities. The article emphasizes that technological change has consistently influenced warfare throughout history. Emerging technologies continue to push warfare in new directions, driving advancements. Last fact-checked: 2025-11-30.
Why is there a need for NATO to prioritize science and technology?
There is a need for NATO to prioritize science and technology to secure freedom and develop military capabilities. The article argues that technological leadership is slipping, necessitating strategic focus. This priority is essential to deter future conflicts and maintain security. Last fact-checked: 2025-11-30.
When did China surpass the US in critical technology leadership?
China surpassed the US in critical technology leadership between 2019 and 2023. The article notes that China emerged as the global leader in 57 of 64 technologies during this period. This shift marks a significant change in global technological dynamics. Last fact-checked: 2025-11-30.
Which historical event is compared to the current technological race?
The current technological race is compared to the historical 'Sputnik Moment.' The article draws parallels to the US's realization in 1957 of the need to catch up with the Soviet Union's technological advancements. This comparison underscores the urgency for action today. Last fact-checked: 2025-11-30.
How can NATO ensure it maintains a technological edge?
NATO can maintain a technological edge by investing in dual-use development and high-risk programs. The article suggests that rapid prototyping and streamlined transition pathways are crucial. These efforts can deliver operational advantages and reset deterrence dynamics. Last fact-checked: 2025-11-30.
What changes are necessary in military procurement to adapt to modern defense needs?
Changes in military procurement are necessary to adapt to modern defense needs by adopting flexible, iterative processes. The article highlights the importance of frontline feedback and rapid prototyping. This approach ensures capability development aligns with current and future threats. Last fact-checked: 2025-11-30.